Capitulo cinco
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Carmen y Eduardo estaban en el autobús viajando hacia Santa Elena. Carmen vio tantas cosas nuevas. La primera cosa que notó, era que no había norteamericanos en el autobús. Parecía que no tomaban los autobuses locales mucho. La carretera estaba en muy mal estado. Había hoyos en la carretera cada cinco segundos. No vio ninguna sección de la carretera en buen estado.

San José estaba localizado en el altiplano de Costa Rica. Estaba en las montañas. La mayoría de la gente de Costa Rica vivían allí por su clima muy bueno. Nunca hacía frio y nunca hacía calor. Carmen ya sabía que Costa Rica era el mejor país, económicamente, de todos los países de Centroamérica pero ella no vio evidencia de eso. Si Costa Rica era un país rico, no podía imaginar un país centroamericano pobre.

El viaje a Santa Elena era muy interesante. Carmen podía ver que la carretera estaba entre las montañas. Había curvas en la


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carretera. No había ninguna parte de la carretera que no tuviera hoyos ni curvas. Vio a unos hombres haciendo reparaciones en la carretera, pero con los pocos hombres que estaban trabajando, podrían trabajar hasta el año 2050 y no terminar con el trabajo.

El autobús seguía avanzando. No iba muy rápido a causa de las curvas pero seguía avanzando. Vio las montañas cubiertas de vegetación. Sabía que cultivaban mucho café en las montañas de Costa Rica. Entonces se imaginó que la vegetación que veía era café. Sólo sabía que todas las montañas estaban totalmente cubiertas de café.

Con el movimiento del autobús Carmen tenía dolor de cabeza. También le dolía la cabeza por escuchar tanto español sin entender nada. Le dolía la cabeza también porque Eduardo hablaba tanto. El autobús era ruidoso. La gente parecía simpática pero ella estaba molesta con todo. Sólo quería estar en Colorado con sus amigas y ahora estaba en otro país, o mejor dicho, otro mundo.

Carmen trató de entender el español, pero no era igual que estar en la clase. Los ticos usaban expresiones que no sabía. Cada país

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tiene sus propias expresiones y maneras de hablar. Ella pensaba que era muy raro cuando le decían "gordo" a una persona gorda o "flaco" a una persona flaca. No hacemos esto en los Estados Unidos. Por lo menos en Costa Rica hablaban lentamente y pronunciaban las letras. En muchos países donde hablan español se comen las letras al hablar.

Aunque Santa Elena estaba unas noventa millas de San José, el viaje iba a durar tres horas. Para salir de San José se necesita una hora por el tráfico. Después se necesitan dos horas más para llegar a Santa Elena. Para ser tan pocas millas, es un viaje muy largo.

San José, la ciudad, le parecía muy diferente a las ciudades de los Estados Unidos. Las calles eran muy pequeñas y estrechas. Había muchos tipos de tiendas. Fuera de la ciudad había un parque bonito donde mucha gente corría, jugaba y hacía ejercicios.

Cuando el autobús salió de San José, Carmen se sintió mejor. No había tanto tráfico. Pensó que iban a llegar rápidamente ahora. Pero el camino era peor todavía. Había hoyos en el pavimento. El chofer no iba muy rápido por los hoyos. También había

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muchas curvas en el camino. El autobús daba muchas vueltas.

Carmen, no me siento bien le dijo el niño.

De repente, Eduardo vomitó por todas partes.

"¡Es todo lo que necesito, un niño enfermo!" pensó Carmen. La chica se levantó y se limpió. Para ella todo eso era horrible.

Carmen miró a Eduardo. Pobre chico. Estaba en otro país sin sus padres, sin sus abuelos. Iban a un lugar totalmente desconocido.

La joven puso el brazo en los hombros del niño.

Está bien, Eddy. Todo va a resultar bien. No va a pasar nada. Pronto vamos a llegar. Vas a estar con tus abuelos muy pronto.

Me dijiste "Eddy". Mi mamá me dice así le dijo Eduardo.

El niño puso la cabeza en el brazo de Carmen.

Pobrecito le dijo ella.

Por primera vez, Carmen pensó que Eduardo posiblemente estaba muy descontento como ella. Ella estaba sorprendida de

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tener pensamientos así. Tal vez ella no era tan mala. Carmen pensaba que el niño no era tan malo. Sólo era un niño, un niño de siete años en un país extraño. Por primera vez, ella tenía un poco de compasión por Eduardo.

Carmen miró hacia fuera. Miró por las ventanas del autobús. Vio las montañas hermosas y toda la vegetación hermosa. Vio vaqueros con botas grandes. Vio muchos perros. Incluso vio una iguana al lado del camino. Pensó que nunca se iba a quejar de los caminos en los Estados Unidos.

¿Estamos en Santa Elena? ¿Falta mucho? preguntó Eduardo.

Carmen pensó en las miles de veces que ella hizo las mismas preguntas a su mamá cuando estaban de viaje. Pensó en sus viajes familiares a Aspen y Telluride; viajes a Yellowstone e Idaho; viajes a California para visitar a su papá. Todo esto le hizo pensar en su familia y en su casa. Carmen se sentía como un niño que quería llorar. Ella quería estar con su propia madre.

No estamos todavía. Vamos a llegar dentro de poco le respondió Carmen.

Bueno contestó el niño. No quiero

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vomitar de nuevo.

El viaje era muy largo. Tomó tanto tiempo por las montañas y las curvas en el camino. Y ahora empezó a llover. Carmen pensó que debía llover en Costa Rica ya que era un país tropical.

Finalmente, después de una eternidad, llegaron a Santa Elena. Un camino de Santa Elena fue hacia la Reserva del Bosque de la Nube de Monteverde. Se llamaba así porque había un bosque tropical arriba en las montañas y siempre estaba cubierto de nubes. Ese día estaba cubierto de nubes.

Eduardo estaba tan contento de estar en Santa Elena. Saltaba y daba vueltas. Por fin no estaban en el autobús y podían buscar a los abuelos. Carmen estaba bien contenta también. Tenía ganas de saltar y dar vueltas también, igual que él.

Los dos buscaron un cuarto de baño y se cambiaron de ropa. Salieron con ropa limpia y fueron a buscar un teléfono. La chica encontró el teléfono y llamó a su mamá en Colorado. Esta vez su madre estaba.

Mamá, soy Carmen. Estoy tan feliz de oír tu voz gritó ella en el teléfono.

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Carmen, eres tú le dijo la madre. ¡Qué bueno! Estaba muy preocupada por ti.
La joven notaba en la voz de su mamá que estaba muy preocupada.
Mamá, estoy aquí en Costa Rica pero tenemos un problema. No sabemos dónde están los abuelos.
Yo lo sé, Carmen respondió la madre. Cuando los señores Zapata iban al aeropuerto, sufrieron un accidente de automóvil. Llamaron a la mamá de Eduardo anoche. Ellos están bien ahora. No fue muy serio el accidente. Pero no pudieron llegar al aeropuerto porque tuvieron que pasar la noche en el hospital por su edad. Estábamos muy preocupados por Uds. No sabíamos que iban a hacer. La madre de Eduardo no sabía como comunicarse con Uds. Todo fue horrible. Estoy tan contenta porque ya me han llamado. Me alegro mucho. ¿Dónde están Uds. ahora?
Estamos en Santa Elena le dijo ella.
¿Santa qué? ¿Dónde? le preguntó la madre.
Mamá, estamos en Santa Elena. Es el pueblo donde viven los abuelos de Eduardo. Nosotros tomamos el autobús a Santa Elena.

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Estamos aquí ahora le contestó Carmen.
Gracias a Dios dijo la madre. Pensé que algo malo pasó. ¡Qué bueno! ¡Están bien! ¡Qué buenas noticias! No sé dónde están los abuelos. Llama otra vez a la mamá de Eduardo.
Está bien, mamá, adiós Carmen colgó el teléfono.
En seguida Carmen llamó a la mamá de Eduardo. Ella contestó el teléfono. Estaba muy angustiada, pero alegre al mismo tiempo. Al fin podía hablar con Carmen y saber que ella y su hijo estaban bien.
¡Qué emoción! dijo la madre.
sí, ya estamos en Santa Elena y llegamos bien.
Los abuelos están todavía en San José y me llamaron porque no saben que hacer. No saben donde están Uds. Pero la buena noticia es que los abuelos me van a volver a llamar y yo les voy a contar que Uds. están bien.
Entonces dijo Carmen yo voy a llamarle a Ud. en media hora, para saber qué hacer.
Está bien, Carmen. Adiós y gracias por tu ayuda.


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Mientras esperaban para volver a llamar, ella y Eduardo caminaban en el pueblo. Parecía un pueblo muy agradable. Había tiendas de artistas. Había una fábrica de queso y una librería. Había restaurantes. Era un pueblo bonito.
Carmen volvió a llamar. Los abuelos dejaron un mensaje con la mamá de Eduardo. No iban a regresar muy pronto a Santa Elena, pero estaban seguros que a las siete podían encontrarse enfrente de la fábrica de queso.
Carmen y el niño tenían tiempo antes de la reunión. La chica decidió ir al Bosque de las Nubes. Estaba emocionada a pesar de estar con un niño. Ella compró algo típico de Costa Rica, cerezas frescas. Eran dulces y deliciosas. Se las dio a Eduardo. El niño las comió con gusto.
Eduardo, vamos al Bosque de las Nubes mientras esperamos a tus abuelitos dijo Carmen.
Eduardo empezó a saltar y dar vueltas. Estaba muy emocionado. Pensaba que Carmen era muy buena. Ella se sentía muy bien también. Eduardo no era tan malo.

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Carmen no sabía lo que estaba pasando con ella. ¿Por qué se sentía bien de acompañar a un niñito en Costa Rica? Pero ella realmente estaba emocionada de ver el Bosque de las Nubes. Estaba emocionada de poder llevar a Eduardo al Bosque aunque era un niño de siete años. Su camisa todavía estaba sucia y su cara estaba manchada de cerezas. Pero, por fin tenía compasión por él. Se dio cuenta de que era solamente un niño.
Un bosque de nubes. ¡Qué bueno! Me encanta contestó Eduardo.
Fueron al Bosque de las Nubes. Comieron gallo pinto, esta vez con plátanos negros y sopa.

Llegaron al bosque. Estaban contentos de ver tantas cosas nuevas. Vieron árboles que eran muy gruesos. El bosque era oscuro y frío. El bosque era totalmente diferente a todo lo que ella había visto en su vida. Algunas plantas salían de otras plantas. Había una gran cantidad de mariposas y ranas azules, verdes y amarillas. Había monos en los árboles. Los monos eran muy fuertes. Un animal feo, llamado agutí, corrió tras ellos. Ese animal parecía una combinación de puerco y rata. Le

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espantó a Eduardo y también le dio un poco de miedo a Carmen.
Había pájaros de todo tipo: aras verdes, tucanes amarillos y rojos, y pericos verdes y pequeños. También vieron el pájaro más bonito de todos. Vieron al quetzal. El quetzal es un pájaro verde y hermoso con una cola muy grande. No hay muchos quetzales en el mundo pero hay más de mil quetzales en el Bosque de las Nubes. El quetzal era un pájaro especial de la antigua maya. La joven podía entender por qué admiraban tanto a ese pájaro. Eduardo y Carmen lo miraron con mucho respeto y emoción.
Es increíble dijo Eduardo con una voz suave y con admiración. No hay nada así en Colorado.
Es cierto, Eduardo respondió ella. Costa Rica no es como Colorado. Las montañas de Colorado no tienen monos.
A mí me gustan más los monos. Me gusta mirar a los monos dijo el niño.
Estoy segura que sí le contestó Carmen con cariño. Tú eres un poco como un mono.
Eduardo hizo algunos sonidos de mono,

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saltando y actuando como un mono. Carmen se rió y tomó la mano del niño. Siguieron su paseo por el bosque. Fue un día maravilloso.